23 de junio de 2010

UNA LOCURA

Hace unos días cometí uno de los errores más grandes de mi vida... o quizas ha sido el mayor acierto...el tiempo dirá si esta locura que ahora comienzo ha valido la pena o sólo ha sido un espejismo. El caso es que sin pensarlo mucho decidí inscribirme en el IRONMAN de Lanzarote del año 2011, una prueba de resistencia física considerada como una de las más duras del planeta. El IRONMAN es un triatlon extremo, una competición en la que se comienza nadando 3,8 km en mar abierto, se continúa sin parar montando 180 km en bicicleta y se "finaliza" corriendo una maratón de 42,2 km.
El último ganador del IRONMAN de Lanzarote ha sido el super atleta español Eneko Llanos, con un tiempo total de 8 horas y 37 minutos, algo absolutamente fuera de mi alcance. Lo normal sería terminarlo en 14 o 15 horas, es decir, 6 o 7 horas más que el citado campeón. Si es que lo acabo claro...
En el IRONMAN lo usual no es competir contra nadie. Hay aproximadamente unos 100 "pros" (profesionales) inscritos que sí luchan entre ellos por la gloria de alzarse con el triunfo de una de las pruebas mas duras del mundo, el resto de "mortales", unos 1.425 atletas tan sólo sueñan con acabarlo. A éstos, a los que terminan el IRONMAN, se les llama "finishers" y se les entrega una medalla o un diploma tan sólo por acabar, pues el hecho de hacerlo es ya, en si mismo, un logro sobrenatural. La razón de que haya tan pocos profesionales inscritos en la prueba creo que es evidente. Mantener un ritmo de competición elevado, serio y consciente durante más de 8 horas debe ser algo absolutamente demencial, durísimo, imposible para la mayoria de las personas, posible para unos pocos, sólo factible para quien ha hecho del deporte una profesión...
Quizas el verdadero talón de Aquiles de esta super-prueba no está en la condición física, ya de por sí espectacular en todos los participantes, sean o no profesionales, sino en la psicológica o mental. Si pruebas a nadar en una piscina durante más de 30 minutos notaras como se agarrotan los hombros, se hunden las piernas, el ritmo cardiaco se acelera, pierdes resistencia a medida que pasan los segundos, tu brazada se vuelve estática, poco dinámica... imagina que aún te queda otra hora nadando contra las corrientes, para después ir en bicicleta casi 200 km y acabar corriendo un maratón completo...
Hay que tener una fuerza de voluntad sobrehumana y una capacidad mental excepcional para no abandonar o tirar la toalla nada mas entrar en el agua...
Una locura...




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